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IV Concurso de relatos: Erotismo

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IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 9:54 am

La talla 38 me aprieta el chocho

Frío. Cielo cubierto. Cae la tarde. La mani estaba siendo masivamente concurrida, y allí nuestro protagonista ve a lo lejos a un cielo de mujer. Allí estaba. Cielo no es la palabra…., mejor dejarlo en Soviet Supremo. Un Soviet Supremo de mujer, desgañitándose con las consignas que todas las mujeres empoderadas estaban coreando al unísono:

- Vamos a quemar la Conferencia Episcopal, por heteromachista y patriarcal
- La talla 38 me aprieta el chocho
- Saca tu rosario de mis ovarios

Y también las pancartas que mostraban las mujeres ufanas con lemas como “Contra el capitalismo y el patriarcado” o “Si quieres la cena, me comes el coño”. Es cierto que para vocear consignas, mejor que rimen…

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-Hola –dijo nuestro protagonista-. ¿Qué tal va la mani?....

… y un poco displicente a la conversación que quería iniciar, tarda un poco en responder la chica

- ¿Qué haces aquí? –responde seriamente-. ¿Vienes a apoyar nuestros derechos? Pues no es este tu sitio, porque aquí solo estamos mujeres. Para apoyarnos a nosotras tienes el resto de los días.
- Pero…. Si yo estoy con vosotras…
- Eres un tío –responde la chica sin dejar acabar de hablar al chico-
- Que no te engañe mi imagen. Mis rastas, mi coleta como la del “querido líder”, mis barbitas, mis ropas de marca pero convenientemente desastradas y rotas. No, no soy un machirulo opresor heteropatriarcal. Soy una mujer. Una mujer con pene, pero una mujer. Aborrezco todo lo que aborrecéis vosotras, este capitalismo opresivo, la brecha salarial, la esclavitud de la mujer. Contra ella lucho todos los días desde que me levanto…
- ¿Eres trans?, perdona, perdona, cuanto lo siento haberte confundido. Es que esas barbitas me han hecho pensar lo que no es. ¿Me puedes perdonar?
- Si, claro. Ya tengo asumido que tengo que explicarme siempre al principio de alguna conversación. Nosotras somos como vosotras, aunque tengamos barba, tengamos esta voz grave, estas manos grandes, este cuerpo sin tetas pero con pene. Pero que no te engañe la vista: soy una mujer como cualquier otra.

Por fin el chico consigue romper el hielo con ella. Hablan de lo divino y lo humano mientras gritan y corean los gritos de la multitud, cada vez más enfervorecida. Se acercan a la procesión de la Santa Vagina, y un respeto hondo y religioso invade a todos los presentes. Estamos pisando tierra sagrada:

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- La Tierra es madre, la vagina es poder, la vulva es sagrada. Cualquier pene habría de ser cercenado
- Pero tú tienes pene, querida
- Ejem…., sí, es cierto. Me refería al pene de los hombres, no al pene de las mujeres como yo.
- ¿Has pensado en quitarte ese apéndice?
- Pues mira… la verdad es que tiene su utilidad. En vez de utilizarlo para aterrorizar, como dice cierto forista llamado rubmir de un foro casposo lleno de flanders y fascistas como elforoplural.com, utilizo mi pene para mear de pie sin tener que bajarme los pantalones.
- Pero…., ¿no es eso una discriminación hacia las mujeres que no tenemos pene?. He oído que en Suecia las feministas empoderadas quieren obligar a todos los hombres a mear sentadas, como nosotras.
- Sí, sí…, si yo también meo sentada…, pero en la calle, cuando hace frío, pues me es más cómodo sacar la manguerita y regar un árbol o el coche de algún fascista, ¿no? Pero eso no lo hago mucho (bueno, sí, mear los coches de los fascistas sí que lo hago a menudo)
- Jejejeje, ¡qué bueno! Esa ventaja no la tenemos las mujeres con vulva. Me gustaría tener un pene solo para hacer eso…

(Mientras sigue la manifestación, ya no nos separamos. Seguimos hablando de lo nuestro, de las reivindicaciones feministas, del empoderamiento de las mujeres, de los odiosos hombres, del fascismo que nos rodea por todas partes. La resistencia… Somos las elegidas para la gloria.)

- ¿Cual es tu nombre, querida?
- Nekane
- ¿Eres vasca?
- No, de Fuenla(brada)
- Ah… es que como Nekane es un nombre vasco…
- No…, me lo pusieron mis padres porque les gustaba
- ¿Tus padres son vascos?
- No… uno es de Arrancacepas (Cuenca) y el otro de Guarromán (Jaén).
- Espera un momentito, que saco mi iPhone y te hago una foto, guapa

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- ¡Hala!, tienes el iPhone X. Yo tengo un Huawei… es de China. De la China comunista
- Bueno… Mi iPhone X es de California. Pero de la California de la buena, la del orgullo gay, San Francisco y el amor libre. Yo miro mucho antes de comprarme los móviles. La verdad es que me lo compró mi padre, que tiene dinero. Yo no trabajo…, pero estoy estudiando en la facultad de políticas de la Complu. Tendrías que ver como tenemos decorado el hall de entrada

Y enseñó a Nekane las fotos en el móvil de la facultad:

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- Ay, que envidia me das…….. No me has dicho tu nombre…
- Ernesto Fidel Vladimiro (Ernesto por el Che, Fidel por Castro y Vladimiro por Lenin)
- Qué bonito nombre, Ernesto Fidel Vladimiro. Que emoción. Pues eso…, que me das envidia donde estudias
- Y tú, ¿dónde estudias? ¿en qué facultad estás? –pregunta Ernesto Fidel Vladimiro-
- No estoy en ninguna facultad….. Ya me gustaría estar en “políticas” de la Complu (Nota del autor: Complu…tense. La facultad de Políticas en Somosaguas de la Universidad Complutense está tomada por Podemitas)
- ¿Y?
- Pues… que llevo repitiendo 5º de primaria desde hace muchos años. Es que no voy a clase y los fascistas de los profesores me hacen repetir. ¡¡A mí!!
- Pero ahora se puede pasar de curso con varios suspensos…
- Ya…, pero es que las suspendo todas, jeje

El humo de las sacerdotisas de la Santa Vagina se va disipando. Han pasado varias horas de marcha del 8-m, mientras Ernesto Fidel Vladimiro y Nekane han intimado. Resulta que ambas son lesbianas.

- Ni por asomo me acerco a un hombre –asegura Nekane- . Me dan asco, pero tu caso es distinto, porque no eres un hombre, aunque lo parezcas.
- Yo soy lesbiano, digo, lesbiana… desde que nací. Me gustan las mujeres y aborrezco a los hombres. Y tú me resultas simpática y ese peinado te favorece tanto…
- Confieso que nunca había estado tan a gusto con una mujer con barbas. Bueno… yo a mi manera también tengo barbas, porque no me he depilado los sobacos y el chocho desde hace años. Esa imposición machista no pasa por mi
- Haces bien, pues donde hay pelo hay diversión. A la mierda los fascistas y sus modas que nos quieren imponer a través de los medios, la televisión y el cine. Qué asco de sociedad heteropatriarcalmachistacristiana.

“El flechazo fue instantáneo y cayó entre mis brazos”… como decía la canción de Mecano.

- Mira, Nekane –dice Ernesto Fidel Vladimiro-, poniendo cara de circunstancias. Como ya sabes, y aunque sea mujer, tengo pene. Tú no sabes lo difícil que es ser mujer con estos colgajos que una tiene. Pero tiene su utilidad. Te parece que…. –y pone ojitos mitad de verraco, mitad de cordero degollado-
- Ay, no sé, Ernesto Fidel Vladimiro… Nunca he estado delante de un pene. Lo mío siempre han sido los chochos, cuanto más peludos, mejor
- No te arrepentirás Nekane. Ya verás que divertido. Mira allí, en aquel callejón, al lado de las basuras, es un buen sitio para hacerlo.
- Bueno…, tengo mis nervios, pero no hay mejor sitio que aquel. Que nuestro amor quede sellado en aquel callejón de las basuras. No hay nada mejor que una relación sexual lesbiana con otra mujer…, y en este caso no hace falta comprar ningún juguete sexual en el sex shop, porque ya vienes con el pene de fábrica, jijijiji..

Y allá que fueron la parejita feliz, al callejón de las basuras, dejando por un momento la mani. Tras un rato moviéndose las bolsas de basura, esparciéndolas por todas partes, salen de allí con cara satisfecha.

- ¿A qué no está mal echar un kiki con una mujer con pene? –dice Ernesto Fidel Vladimiro-
- Si… ha estado muy bien…, pero estoy viendo a mis amigas Yoli, Vane y Sarai que vienen por allí y me están mirando echando fuego por los ojos………… OYE, YOLI…, NO ES LO QUE PARECE. VANE…, ESE ADOQUÍN ERA PARA TIRAR A LA SUCURSAL DEL BANCO DE SANTANDER. ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? ¿A MI NO, EH?

En ese momento, Ernesto Fidel Vladimiro sale corriendo al callejón de las basuras, y se pierde por el casco viejo de la ciudad. Un buen polvo vale una mani de feministas (¿o la frase no era “París bien vale una misa”?)

Llueve en este frío invierno de 2018.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 9:55 am

LA FLOR

En estos días que permaneces lejos de mi tacto y de mis noches, me ha dado por revivir con la memoria aquellos encuentros que hemos sostenido. Y es que la distancia alarga las horas y mi necesidad de tu cuerpo se transforma en desesperación. En ocasiones la memoria no es suficiente y debo de inventar situaciones, nuevos momentos donde tu calor se apacigüe junto al mío. Ahora mismo, ese conjunto de pasiones, necesidades y calores me han hecho una jugada en el jardín de la casa.

Ayer, mientras caminaba afligido por el jardín, mi sed de ti me hizo figurarme que una flor rosada tenía la forma de tus piernas. Sí, así es, una flor aislada que se encuentra en la parte más oculta y solitaria del jardín. Así que ella sola, con sus pétalos dañados y transformados por la lluvia de ayer, tomaron esa forma, se transfiguraron de delicada flor a ansiosas piernas de mujer, ansiosas piernas tuyas pendientes de recibirme. Te lo platico, porque sé que a la distancia también calmas tus deseos pensándome y nos pensamos tanto, nos necesitamos tanto, anhelamos tanto nuestros apetitos, qué sé que escuchas y sientes mis pensamientos, mientras humedeces tus dedos y tu gloria.

En este momento me encuentro delante de tus piernas, de esa flor de lujuria milagrosa y me llega su delicado aroma. Acerco mi rostro para percibir mejor el delicado perfume de tu centro para enardecer de esa forma mis sentidos pero veo con asombro como cae una pequeña gota de esa ligera llovizna que cayó hace escasos momentos. ¿Dónde estaba atrapada esa minúscula masa de agua? ¿Por qué se le ocurrió aparecer en este instante? No lo sé, ignoro que magia llena de sensuales deseos han causado su aparición, sin embargo, mi mente llena de ti y de lascivia han provocado que le dé forma a esa gota. La veo, la admiro y ese deseo incontenible la transforma en una lengua, mi lengua sobre la punta del pétalo, sobre tu pie y tu tobillo. Es un sueño, es una ilusión, pero comienzo a percibir el sabor de tu piel. ¿Sientes tú a mi lengua, querida? Dime que sí, que comienza a fundirte en el tacto imaginario de mi húmedo músculo, que te desgranas en temblores de impaciencia porque esta gota lujuriosa surque tu pierna hasta llegar al regazo rojizo de tu placer.

¡Oh! Concedido pequeña libidinosa, la gota milagrosamente comienza a resbalar por el pétalo dejando atrás a tu tobillo para deleitarse en tus pantorrillas y el sabor de tu carne caliente comienza a endurecer a mi pasión. Sabes que la firmeza de mi deseo se alimenta de tu humedad y de tu piel y me la brindas -desde la lejanía-, en forma de flor. Sigamos pues con el milagro y mojemos de deseo tus muslos, que agónicos y trémulos esperan el jugar y el explorar de mi lengua-gota, de detenerme en ciertos momentos para excitar a tu deseo. ¡Vamos preciosa! ¡Siente la caricia de mis labios sobre tus muslos e imagina que mi aliento alcanza al clímax de tu sexo! ¡Siéntelo, experiméntalo, gózalo! ¡Cierra tus ojos mientras me imaginas entre tus piernas! Te sé jadeando, te sé lujuriosa, te sé húmeda mientras esperas que siga mi camino hasta que termine mi camino y recibas el beso de mi lengua en tus labios.

Después de detenerse un rato, la gota prosigues su camino y su último descenso, el descenso al calor del centro de la flor y el ascenso al paraíso. Imagina lo que imagino, percibe mi deseo de ti y transfórmalo en real, que tus dedos se muevan diestros y que se disfracen de mi boca. ¡Dime que lo sientes, dime que tiemblas llena de espasmos y de placer, dime que tus labios piden más de mí y que mientras te tapas la cara y gimes dolorosa, clamas porque me sumerja en ti!

La gota llega al centro y comienza a descender haciendo círculos en tu tesoro, pequeños círculos que no dejan sitio sin saborear, mientras se juntan humedades, mientras el gozo de tu cuerpo te cierra los ojos  y abre tu deseo para succionar la gota, hacerla tuya, engullirla en un grito de deseo. La flor se encuentra trémula y tú sudorosa, cansada y complacida, yo saciado de mi apetito de saborearte, de besar tus labios y beber tus jugos.

Termina la tormenta de ansiedades, mientras la flor se encuentra extrañamente temblorosa, tu recostada y cansada, con el corazón acelerado buscando entrar en su ritmo normal y tus pechos desnudos formando un oleaje basado en respiraciones excitadas. Yo descanso mi deseo mientras observo a la flor y al mismo tiempo te observo complacida.

Vendré al día siguiente a buscarte. Espérame de la misma forma, ¡Oh flor! ¡Oh mujer! ¡Oh pequeña con tus pétalos abiertos! Mañana cuando comience a despejarse el cielo, tal vez no sea una gota la que llegue a tus piernas, sino un rayo de sol en forma de virilidad que, caliente, comenzará a quemar tus pétalos hasta sumergirse en el centro de tu flor. Mañana, mañana puede suceder.

Por hoy me despido mientras me acerco a aspirar el perfume de la flor, olor a brisa marina.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 9:57 am

EL PROFESOR

Cuando Claudia se vio atada a la cama empezó a sentir una extraña sensación. No era miedo porque su amante era tan delicado y respetuoso que le aportaba una sensación de seguridad y protección que jamás había sentido, pero sí sentía que quizás había ido demasiado rápido. A sus 23 años, Claudia había soñado con ese momento durante toda su estancia en la universidad.
Todos los días acudía sin falta a la clase aquel profesor atraída por algo que era superior a sus fuerzas. Para ella aquel hombre, que jamás se fijaría en ella, era como un dios en la tierra. En todas y cada una de sus clases se ensimismaba oyendo sus palabras totalmente absorta por la sabiduría de aquel ser inalcanzable y enorme a sus ojos. Alguna vez se sorprendió a sí misma con la vista clavada en unos glúteos fuertes y poderosos que se adivinaban bajo sus vaqueros cuando Gabriel se volvía para escribir cualquier cosa en la pizarra.
Solía sentarse en las primeras filas e intentó de todo para llamar su atención; faldas muy cortas, cruces de piernas insinuantes, escotes atrevidos….pero nada de aquello le daba resultado. Para Gabriel ella era una más de sus alumnos.
Pero un día, cuando casi el aula estaba vacía porque todos se habían ido, el profesor se dirigió a ella y le dijo: - Claudia, me gustaría comentar algunas cosas de las que has puesto en tu examen.- ¡No daba crédito a lo que le estaba sucediendo! Se levantó de su silla y se acercó al estrado dispuesta a disimular como mejor pudiese la emoción tratando de acallar el enjambre de mariposas que había tomado por completo todo su cuerpo.
Hablaron largo rato pero Claudia aprovechaba para aspirar su aroma, para ver sus ojos verdes más de cerca, para ver sus manos poderosas a la vez que ligeras mientras manejaba el lápiz sobre su examen. Ella asentía sin saber muy bien qué es lo que estaba haciendo y hacía esfuerzos sobre humanos para no delatar que estaba a punto de caer al suelo porque las piernas le temblaban.
Gabriel se dio cuenta de la situación y pensó que Claudia no se encontraba bien.
-¿Te encuentras bien? Le preguntó.
-Sí, estoy bien pero un poco mareada, quizás sea de la tensión- respondió ella tratando de no dar a entender lo que le estaba pasando.
Entonces Gabriel la tomó de la mano y le pidió que le acompañara a algún sitio en el que pudiera tomar algo y respirar un poco de aire fresco. Claudia sintió un escalofrío como una sacudida cuando él le tomó de la mano para que lo acompañara y se sintió la mujer más pequeña y protegida del mundo cuando él pasó su poderoso brazo por su cintura para evitar que la chica cayera al suelo. Sentía su fuerza y su poder sobre ella. En ese momento supo que no podría negarle nada de lo que le pidiera.
Ya en el café ella pudo relajarse mientras lo veía tomarse una cerveza. Ella pidió una tila y trató de mostrarse serena.
-¡Ya estoy mejor, muchas gracias, pensaba que me iba a desmayar.-
-Sí –dijo él- es que en clase hace mucho calor y el aire se vuelve muy cargado. –
En ese momento Gabriel volvió a retomar el tema de su examen y le dijo que estaba muy sorprendido por lo profundo y lo original de su exposición. Le contó que había captado tan perfectamente lo que él quería explicar que le dio la impresión que él mismo podría haber dicho lo mismo. Este comentario hizo que Claudia volviera a sentir escalofríos; el hombre más brillante y sabio que ella había conocido estaba diciéndole que ella de alguna forma había captado su atención y que se había fijado en ella. Sintió que ese era el momento más feliz de su vida. ¿Cómo un hombre como aquel, que le doblaba la edad, se había sorprendido por el pensamiento de ella que apenas era una niña? Su corazón luchaba contra ella para salirse de su pecho y su respiración era tan agitada que le era imposible controlarla.
Trató de ser modesta y de calmarse y le dijo que todo lo que ella había escrito era inspirado por sus clases y por la brillantez de sus ideas. Le contó que asistía a sus clases porque él era el mejor profesor que tenía y que cualquier cosa que decía, para ella era tan interesante y fascinante que era su clase preferida. Estas palabras también hicieron mella en Gabriel que sonrió demostrando que su orgullo también podía ser víctima de una apreciación como la que le acababan de hacer.
Charlaron durante horas de lo divino y de lo humano. Rieron juntos y hasta hicieron algún chiste. Para Claudia aquello era lo más parecido a estar en el cielo.
Hablaban y hablaban y no se dieron cuenta de que ya el examen había quedado en el olvido. Él se había tomado ya algunas cervezas y ella no había pedido nada, sólo escuchaba, miraba, sentía y se dejaba llevar. Sin mediar palabra ni proposición ni nada que se le pareciese, él le dijo clavando sus ojos en los de ella: -Quiero hacer el amor contigo.-
Ahora estaba en su cama atada con unos pañuelos que él había buscado. Sus pies y sus manos eran presa de los barrotes de la cama. Ella, sola y en ropa interior esperaba no sé qué pero sabía que esa tarde sería suya. Aún jadeaba su pecho tras ser desnudada muy despacio y sin hablar una sola palabra. Gabriel había quitado los botones de su blusa uno a uno paladeando cada movimiento de la tela y cada centímetro de su piel cuando se asomaba a la tenue luz que iluminaba aquella habitación. Cuando la dejó sin camisa estuvo largo tiempo mirando sus generosos pechos que subían y bajaban impulsados por una respiración descontrolada y terminó asiéndolos entre furioso y paternal. Luego Gabriel deslizó sus manos desde sus pechos hasta el pantalón para dejarlo caer en el suelo y apretó su menudo cuerpo contra el suyo. Ella hundió su cara contra el pecho pétreo de aquel profesor y lo agarró por los glúteos para sentirlo cuando antes dentro de ella. Bailaron un extraño baile sin más música que sus jadeos y sus bocas navegaron por todos los mares.
Ahora Gabriel se acercaba a la cama en la que estaba presa Claudia y traía otro pañuelo en la mano. Tan suave y tan fuerte como sintió todos sus gestos y movimientos sintió cómo le levantaba la cabeza y le vendaba los ojos para dejarla a merced de sus caprichos. El único miedo que ahora sentía ella era el de no ser poseída en aquel mismo instante.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 9:58 am

EL CHICO DEL TREN

Ahora no uso el coche porque con tanta zona azul y tanta zona verde aparcar es tarea imposible, así que me voy a trabajar en tren. Bueno, pues cuando espero al tren la gente que está en el andén es todos los días casi la misma y cuando subo al tren hay gente que también es casi la misma todos los días.

Cuando subo al tren hay un chico que ya está en el tren y lo veo todos los días y el a mí, claro. Pues hoy el único asiento libre que había estaba enfrente de él, me he sentado y me ha dicho: "Hola", yo le he respondido: "Hola". Y no ha dicho nada más, yo me he puesto a mirar el móvil y él miraba por la ventanilla, no sé qué miraba si a esa hora todavía está un poco oscuro. Bueno, el caso es que cuando ha llegado su parada, él se baja antes que yo, se ha levantado y con una sonrisa me ha dicho: "Bueno, hasta mañana", yo le he devuelto la sonrisa y le he contestado: "Hasta mañana".

El chico es majo, yo le calculo unos treinta años. lleva traje y una funda de portátil al hombro, o al menos yo creo que es una funda de portátil, tiene toda la pinta de serlo. Bueno, a ver qué pasa mañana

Esta mañana he subido al tren y allí estaba, sentado, y el asiento de su lado vacío, pero ha llegado un señor por el otro lado y se ha sentado, así que me he sentado al otro lado del vagón.

Me he puesto a mirar el móvil y casi sin darme cuenta he oído "Buenos días", era el chico de ayer, se había levantado y estaba a mi lado. Yo le he dicho "Buenos días". En ese momento la chica que estaba enfrente mío se ha levantado y él se ha sentado. Me dice:
"Te veo todos los días en el tren ¿vas a estudiar?"y yo le he dicho: "No, voy a trabajar". "¿Y de qué trabajas, qué haces?" me pregunta él,
y yo le digo: "Soy cajera en un Centro Comercial, y tú?", "Trabajo en un banco", me dice. Luego ha dicho algo sobre su jefe y algo más que no viene al caso.

El tren estaba llegando a su estación, se levanta y me dice: "Por cierto ¿como te llamas? yo me llamo Roberto" Por un momento he estado a punto de decirle un nombre inventado, pero le he dicho la verdad: "Me llamo Alba". Se ha bajado y me ha dicho: "Hasta mañana, Alba" y yo le he dicho: "Hasta mañana".

Cuando me ha preguntado el nombre me han saltado todas las alarmas, espero que esto sólo sea un rollo de tren, no estoy como para empezar una relación ahora

Me he quedado dormida! Pues eso, se me han pegado las sábanas. Me he levantado de un salto, me he vestido tan deprisa como he podido, y sin desayunar he bajado corriendo a la estación, pero he perdido el tren. He tenido que coger el siguiente, así que hoy no puedo contaros nada porque no lo he visto, y lo siento. Afortunadamente no he llegado tarde al trabajo, no os preocupéis

Hoy he subido al tren y en cuanto me ha visto se ha levantado y ha venido hacia mí y me dice: "Hola, no te vi ayer, me tenías preocupado" y yo le he dicho: "Me quedé dormida y perdí el tren, tuve que coger el siguiente". Y ahora viene lo bueno, pues no va y me dice: "Ah, vale, pero no me lo vuelvas a hacer, eh". "¿Perdona?" le digo yo "¿Que no te vuelva a hacer qué? O sea, hablo una vez contigo y ya te crees con algún derecho sobre mí? Me parece que no eh, no sé por dónde quieres ir, pero no". Entonces él no sabía qué decir, me ha dicho algo así, no recuerdo exactamente las palabras "Bien bien, perdona, no quería que te sintieras molesta, es solo que me caes bien y nada más, pero sí es verdad que estaba preocupado, ayer me recorrí el tren por si habías subido en otro vagón ¿amigos?". "¡Qué fuerte!" le digo yo, "no sabía que ejercía ese efecto sobre la gente, de momento compañeros de viaje".

Así hemos llegado a su parada, compartimos el tren apenas diez minutos. Antes de bajarse me dice: "Entonces lo de qué me des tú número de telefono..", no le he dejado terminar, "ni lo sueñes" le he dicho. Y cuando se baja dice: "Ya veremos. Hasta mañana Alba"

Hoy cuando he subido al tren estaba él sentado y tenía la funda del portátil en el otro asiento, guardándome el sitio, en cuanto me ha visto me ha hecho señas para que me sentase a su lado. Lo he hecho, y me dice "Hola, todavía sigues enfadada?" yo le he dicho: "En ningún momento me he enfadado", "Pues ayer me lo pareció por lo que me dijiste" me dice él. "Bueno, a lo mejor me pasé un poco" le digo, y es entonces cuando meto la pata hasta el fondo cuando le digo: "Pero me han dicho que te dé otra oportunidad"; entonces él me dice: "Así que les has hablado a otras personas de mí? eso quiere decir que a lo mejor te intereso". Entonces yo le digo "¿Ya empiezas otra vez? Quizá se me haya escapado algo anoche con unas amigas pero no significa nada, no te hagas ilusiones".

Fue entonces cuando él me dice: "Mira, lo mejor es empezar de nuevo, parece que no hemos empezado bien" y sigue "Hola, me llamo Roberto, y tu?" con esto me saca una sonrisa y le digo: "Hola Roberto, me llamo Alba, cuéntame algo sobre ti". Entonces me dice: "Voy a ser sincero contigo, llevo un año separado y durante este tiempo no me ha interesado nadie hasta ahora, sé que puede parecer una broma, pero es la verdad". Yo me he quedado callada y me dice: "Cuéntame algo sobre ti, qué te gusta hacer", y yo le he dicho: "Si quieres saber algo sobre mí te tendrás que esperar, estamos llegando a tu parada". Mira por la ventanilla y se levanta, pero antes de irse me alarga la mano y me da un papelito y me dice: "Hay tienes apuntado mi número de teléfono, por si quieres hablar". En cuanto me he bajado del tren lo primero que he hecho es tirar el papelito a una papelera, así me evito la tentación. No sé si habré hecho bien o mal, pero ya me estoy arrepintiendo

Pues resulta que el domingo cuando salí al jardín de casa me cayó encima un macetero muy grande y al caer al suelo me di un golpe muy fuerte en la cabeza y según parece perdí durante algunos minutos el conocimiento. Mi padre me llevó al hospital y he estado en observación estos dos días. Ah, y también me hice un esguince en le pie al caerme el macetero encima. Ahora me van a dar ya de alta, y lo peor es que llevo cuatro días sin ver a Roberto

Estaba esperando en el andén y estaba nerviosa por volverlo a ver. No sabía si estaría o no en el tren. Cuando por fin ha llegado el tren y me he subido allí estaba, sentado, cuando me ha visto se le han iluminado los ojos, se ha levantado y ha venido hacia mí. Yo no he podido retenerme y rodeando su cuello con mis brazos le he abrazado tan fuerte como he podido; él me ha devuelto el abrazo mientras me decía: "¿Qué te pasa?". La emoción me ha podido y me he echado a llorar mientras seguía abrazándolo, y el seguía preguntando: "Pero ¿qué te pasa?". Yo le he mirado y poniéndole un dedo en la boca le he dicho: "Shhh, no hables, tan sólo bésame, bésame". Nuestros labios se han unido y hemos estado un rato besándonos, supongo que el resto del vagón nos estarían mirando pero a mí no me importaba.

Pasado el momento de la emoción le he dicho que creí que no le volvería a ver, y él me ha preguntado que qué me había pasado estos días. Yo le he dicho la verdad, que tuve un accidente y he estado en el hospital. Entonces me dice: "¿Por qué no me llamaste? tenías mi teléfono". Yo le he dicho que perdí el papelito donde me apuntó el número. Y así hemos llegado a su parada. Se ha bajado y me ha dicho: "Mañana hablamos de todo esto, si es preciso me tomo el día libre, no me puedes dejar así". Y yo le he despedido con un "Vale"

Esta mañana al subir al tren lo primero que hemos hecho es darnos un beso y luego hemos hablado. Bueno, el caso es que esta noche hemos quedado a la salida de una boca de Metro y me invita a cenar. Luego ya veremos

Cuando me recogió en su coche me llevó a un restaurante que hay cerca de su casa, y estuvimos hablando durante la cena. Como me dijo que estaba separado le pregunté si tenía hijos y me dijo que no. Después me llevo a una disco bar a tomar algo. Allí ya más relajados nos estuvimos besando dando paso a la lujuria. Sus manos recorrían mi cuerpo, me acariciaban mis turgentes senos, llevándome a la cima del placer. Cuando me llevó a casa me insinuó de subir conmigo y le dije que no. No hubo sexo aquella primera cita


Última edición por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 10:21 am, editado 2 veces
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 9:58 am

DOS HORAS DESPUÉS



Tan solo pasó un día desde el maravilloso trío que tuve con dos de mis novias y, de nuevo, volví a tener otra excitante idea.
Me di cuenta de que Esther era aún más provocativa que Lía. Y decidí llevar esta cualidad suya al extremo…

Quería que Esther fuese infinitamente más pervertida. Quería que esa diosa de grandes y turgentes tetas se muriese por follar conmigo. En resumen: quería convertir a Esther en una máquina sexual insaciable. Y me propuse conseguirlo.

Jugué subrepticiamente para producir este efecto en ella. No hizo falta una gran manipulación porque ella ya estaba condicionada con antelación. Muy pronto, descubrí (y disfruté) a la nueva Esther. Ni en mis mejores sueños podría haber imaginado lo pervertida que podría llegar a ser.

Dos horas después, Lía me dijo que debía ir a casa de sus padres y, por desgracia, estaría ocupada al menos 3 horas. La abracé, la besé y le dije que no se preocupara.

A los 20 minutos llaman a la puerta, abro y, evidentemente, ahí estaba Esther. Desprendía una felicidad fácilmente percibida. La abracé y besé con pasión: nuestras lenguas estuvieron jugando un largo rato. Observo sorprendido que lleva una bolsa de supermercado en la mano, señalo la bolsa con el dedo índice y ella sonríe de forma pícara. Sentí una mezcla de excitación y sorpresa. Se acerca a una mesa y vacía el contenido de la bolsa en ella: un bote de nata fría. “Me pondré la nata en las tetas y tú las lamerás como un perrito chico, verdad, cariño?” - sonrie con lujuria.

Tuve una fuerte sacudida, no lo pude evitar. La idea de Esther era tan excitante que apenas podía pensar con claridad. Era la primera vez que estábamos solos en casa, sin Lía. Instintivamente, me acerqué y la empecé a desvestir mientras la iba besando. Podía notar el aroma a mujer excitada que se desprendía de su sexo. Muy sorprendido la miro y ella sonriendo dijo: “Las chicas traviesas no usamos bragas”. Comenzó a besarme con pasión. En el frenesí sexual, compartimos placer, besos, nata y sudor. Estaba completamente poseída por el deseo y la lujuria.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 10:01 am

TRASLÚCIDO

No era la navidad, ni los cumpleaños, ni las fiestas ni nada de lo que motiva a la gran cantidad de adolescentes de la ciudad a portarse bien lo que a mí me motivaba a tener una conducta intachable sino la certeza de que por ninguna razón mis padres me iban a dejar en casa durante las 3 semanas al año en que nos íbamos todos en familia para Playa del Carmen: mis padres y yo, el Tío Juan y su novia de turno (novias a las cuales nunca toleré) y Tío German y Tío Agatha con mis primos Paul y Gerard. Durante toda mi niñez esas 3 semanas eran, sin que cupiera una sola duda, las mejores del año y aunque eran cosa segura pues por nada del mundo la familia hubiera perdido las vacaciones, yo prefería actuar precavidamente y “ganarme” el viaje, merecérmelo, me decía para mis adentros. Con Gerard y Paul solíamos divertirnos hasta más no poder pues teníamos la libertad que no teníamos en la ciudad ya que nuestros padres nos dejaban salir hasta pasadas las 11 de la noche e incluso en alguna ocasión se nos hizo de madrugada alrededor de una fogata o jugando cartas en el balcón de la casona o en las mesas del jardín de palmeras y no nos regañaron. Yo ingenuamente pensaba que esas épocas eran inmejorables hasta que al cumplir 14 años conocí a Santiago, un muchacho local que se había hecho amigo de Paul y Gerard, con los cuales compartía el amor por el fútbol y la edad entre otras cosas (tenían 2 años más que yo).
Santiago era flaco sin caer en la delgadez extrema y de tez morena, tenía una vasta y ensortijada cabellera negra y una mirada que sin ser profunda era sí muy enigmática y siempre fija. Tenía unas grandes manos de pescador. Aunque acostumbraba caminar cabizbajo, yo había podido notar un pequeñísimo detalle imperceptible para todo los demás: apenas se percataba de mi presencia se erguía levemente sin pretender mostrarse largo tal cual era pero sí haciéndose notar sin sobresalir estrepitosamente, una nimiedad para cualquiera pero que yo pude después constatar como un hecho definitivo según él mismo me dijera tan sólo un par de años después: “te veía y quería a toda costa hacerme notar, que supieras que yo estaba ahí pero sin que Gerard y Paul se diesen cuenta, sin que ellos fuesen a percibir que me ponías nervioso”.

Desde ese primer instante Santiago se metió en mi corazón para nunca más salir. Nadie olvida su primer beso, su primer amor de verano y su primera relación sexual y yo no soy la excepción, no las olvido pues todas ellas convergen en un único punto marcado por la existencia de aquel moreno reseco y tostado llamado Santiago.

Al año siguiente de conocernos tuvimos nuestro primer contacto físico. Después de una larga noche de andar caminando los 4 de allá para acá terminamos sentados en la playa frente al mar en el siguiente orden: Paul, yo, Santiago y Gerard. En cierto momento en que Santiago estiró su cuerpo y echó sus manos hacia atrás para apoyarse sobre la arena, imitando mi posición, su mano cayó sobre la mía y ahí se quedó por al menos dos minutos, Gerard y Paul no se percataron y yo no hice ni siquiera el más mínimo movimiento de cabeza para que ni mis primos se dieran cuenta ni Santiago se sobresaltara y quitara su mano de la mía. Eso simplemente me transportó al cielo. El año siguiente, en mis sweet sixteen, una escena parecida a la anterior se repitió sin embargo esta vez Paul y Gerard se levantaron de forma algo precipitada para irse a dormir dejándonos solos a Santiago y a mí. No exagero cuando digo que pude escuchar cómo el corazón de Santiago se aceleró ante la partida de mis primos: le miré, sonreí con naturalidad y ante mi pregunta inocente de “¿qué pasa?” él pasó de su cabizbajo natural a su erguido galante y sin que yo tuviera tiempo de tan siquiera borrar la sonrisa de mis labios se me acercó y me besó tan suavemente que hizo el tiempo detenerse a mi alrededor no sólo en ese instante sino durante muchísimos otros después cada vez que recordaba esos mágicos momentos. Llevó su mano a mi mejilla y la sostuvo con ternura mientras ese primer beso duró, de pronto se detuvo y dijo “tenía muchísimo tiempo de querer hacer esto… pero… tus primos” y luego me besó nuevamente rozando su nariz con la mía, su frente con la mía, sus mejillas con las mías y atando definitivamente y para siempre su corazón al mío. Ese verano no supimos más de Santiago pues se esfumó como la espuma de las olas.

El año siguiente Gerard y Paul ingresaron a la universidad y no nos acompañaron. Yo no podía esperar el momento de llegar a Playa del Carmen y toparme con Santiago para poder decirle que me hubiera podido besar las veces que quisiera pues mis primos no estarían por ahí metiendo sus narices (esto lo digo con cariño) en mis asuntos. Sin embargo, muy a pesar del afán y de la ilusión que me carcomían, pasaron las 3 semanas y no tuve noticias de Santiago. Fue desgarrador. El año siguiente, después de haber celebrado mis 18 y habiendo tenido algunas, más malas que buenas, experiencias juveniles de amor, casi sin ganas emprendí el viaje con mis padres y me llevé la más grata sorpresa que hubiera podido imaginar: Santiago estaba sentado en el jardín de palmeras, esperándonos. Me bajé del vehículo de mi papá, corrí a él y nos abrazamos como dos locos, sonriendo a más no poder. Mi mamá se puso super contenta y sólo dijo entre sonrisas: “Santiago, usted no tiene idea de cuánto se le ha extrañado en esta familia. Venga venga, cene con nosotros hoy”. Esa noche estuve con Santiago hasta casi entrada la mañana del día siguiente y aunque no nos besamos ni nos tomamos de la mano ni nada, yo sentí la más pura de las felicidades al poder finalmente conversar con mi Santiago, así le decía para mis adentros, y tenerle frente a mí, erguido como siempre que yo estaba a su lado. La siguiente noche me llevó a un bar de esos que están frente a la playa en donde según me dijo había estado trabajando desde hacía algún tiempo varias noches a la semana, “hay música en vivo” me dijo, “un tipo que canta muy bien y toca la guitarra aún mejor”. Estuvimos toda la noche hasta casi las 12 sentados en un rincón y él sólo ocasionalmente me rozaba la mano, como si tuviera miedo, pero siempre con afecto y con un sutil pero para nada desagradable dejo de inocencia. De camino a la vieja casona, entre las callejuelas semi oscuras del pueblecillo nos besamos con tanta pasión que las farolas deben aún recordarlo pues no creo que hubiesen visto jamás a dos jóvenes arder de amor como nosotros lo hicimos e iluminar con refulgente pasión aquellos oscuros pasadizos.

La noche siguiente fue la gran noche, la mejor noche de mi vida y aunque las que le siguieron no mermaron en ardor concupiscente la que mayormente se recuerda es la primera. Como Santiago trabajaba, pedí permiso para poder estar con él tarde en la noche, después de que él cumpliera turno en el bar. Llegué al local a eso de las 9 y aunque no había mucha gente Santiago no se podía dar el lujo de estar conmigo así que estuve sin compañía hasta por ahí de las 11:30 cuando vi que comenzaron a cerrar. Santiago me dijo que tenía una sorpresa, había pedido permiso para quedarse en el bar conmigo hasta la hora que quisiéramos, prepararía una cena o unos aperitivos y la rocola sería nuestra toda la noche. Cuando finalmente quedamos solos en la nave principal del bar se acercó a mí con la mayor de las naturalidades y con una osadía nunca vista en él y me besó tan apasionadamente, tan locamente que casi podíamos sentirnos el uno dentro del otro, tomó mi cintura, mi espalda, mis muslos, sus manos subieron por mi espalda, por mi estómago, por mi cuello, por mis hombros y yo pude sentir su hombría y él me podía sentir a mí y tan arrebatados estábamos que sin darnos cuenta ya estábamos acostándonos en el fresco piso de madera y mi camiseta ya había volado por entre los bancos de la barra principal y la suya por entre las mesas cercanas a la puerta. De un pronto a otro se detuvo, nos miramos y nuestros ojos, que apenas percibíamos bajo la única farolilla que estaba encendida, pactaron el tácito acuerdo de que esa noche yaceríamos finalmente juntos. Nos besamos pero ahora con ternura y casi diría amor. Al instante él se levantó para “traer protección” y yo me aproximé a la rocola para buscar alguna canción y matizar el ambiente de delirio que rebullía a nuestro alrededor. Sólo me dio tiempo de pedir una canción en modo aleatorio pues casi inmediatamente sentí a Santiago atrás de mi abrazándome, besando mi cuello, manoseando mi torso mientras rozaba mi espalda con el suyo y llevando sus manos a los broches de mi short para desabotonarlo y poder bajarlo para acceder impúdicamente a mis partes nobles, cuando al fin llegó a mi ropa interior y la bajó pude sentir justo detrás de mí toda la magnitud de su hombría y sin abrir los ojos, sin hablar, sin escuchar sin sentir nada más que a Santiago logramos concretar el acto de amor. El detrás de mí y yo humedeciendo el vidrio de la rocola con mi sudor y con el aliento que brotaba de mi agitada respiración y de mis suaves gemidos de placentero dolor. Después de un período atemporal que pudieron haber sido segundos o eones pude sentir como ambos llegábamos al climax amatorio y vertíamos casi en el mismo instante el licor acuoso del amor en un bamboleo erótico y armónico. El resto de esa semana y las otras dos de esas vacaciones estuvieron llenas de impudicia, sensualidad y lujuria, el resto de esos días Santiago me transportó al placentero mundo de la fornicación sin límites.

El último día Santiago y yo conversamos sobre la imposibilidad de lo nuestro y yo, aunque triste, partí sintiendo que el desconsuelo de la despedida no era nada a la par de toda la alegría y satisfacción que Santiago me había hecho sentir en esos últimos días.

Nuestras vidas continuaron de la forma que continúan las vidas de la gente. Yo ingresé a la Facultad, me titulé y para la época en que volví a Playa del Carmen me encontraba escribiendo lo que hubiera sido mi cuarto libro y Santiago, mi Santiago, estaba ahora casado, tenía un hijo y se había convertido en todo un hombre de familia.

Estuve casi 2 meses en Playa del Carmen, trabajando día y noche encerrado en la vieja casona sin que nadie en el pueblo supiera de mi presencia hasta que un día me sofoqué y decidí salir a tomar el sol al jardín de las palmeras sólo para constatar que el destino es cruel: Santiago y sus colegas estaban terminando de descargar la pesca del día justo en frente de la vieja casona. Santiago se aproximó a mí con una amplia sonrisa en su boca y me abrazó como me había abrazado la primera vez frente a mis padres hacía ya varios años. Estuvimos conversando sólo unos minutos y Santiago se retiró de mi presencia cohibido por los cuchicheos de sus colegas que lo esperaban a unos pasos de distancia para ir al bar a mirar el partido de fútbol, era domingo. Santiago se despidió agitando su mano en dos ocasiones y ni siquiera por asomo sugirió que les acompañara. Unas cuatro horas más tarde escuché como alguien tocaba la ventana de madera del costado de la casa y para mi sorpresa era Santiago que se terminó colando en la vieja casona como el más vil de los ladrones sólo para poseerme como antaño. Sus manos y su lengua me recorrieron el cuerpo con total entereza, sin lugar a dudas Santiago era hoy mejor amante de lo que fue jamás en el pasado y me dejé llevar. En unas 6 ocasiones durante las próximas 3 semanas se coló Santiago por mi ventana. Sin embargo, le atemorizaba que le vieran a mi lado, si me veía en el local de abastecimiento me rehuía, si nos topábamos en el bar apenas y me saludaba con la mirada y eso me ponía triste. La siguiente vez que Santiago vino hicimos lo que nunca habíamos hecho antes y que a mí nunca me había pasado por la mente: conversar seriamente. El me dijo que la causa de su actitud era su esposa, que la situación en la casa se había estado poniendo fea pues Sol, así se llamaba, había estado sospechando que había un tercero entre ellos. Esa era la situación y una vez más no nos quedó más remedio que escondernos como en los tiempos de antaño cuando nuestro refugio era el bar en el que trabajaba Santiago.

El acantilado de los Pelicanos es una firme y elevada montaña de roca frente al mar que tiene una linda y escondida playita en su base casi en forma de cueva y a la que se llega solamente nadando unos 300 pies desde el costado derecho del promontorio rocoso o en lancha desde mar adentro. Ese se convirtió en nuestro nuevo lecho de amor, ahí fuimos más felices que nunca, nos explayamos a nuestras anchas con la connivencia del mar, corríamos desnudos, nadábamos desnudos, yacíamos desnudos, éramos felices desnudos. Nunca nadie nos molestó, era nuestro lugar oculto, nuestro Sodoma, nuestra Gomorra. Su pecho en mi pecho y el mío en el suyo, iban caricias y venías besos, con nuestras bocas nos limpiábamos la sal que se pegaba a nuestra piel y nos embebíamos en nuestro propio sudor y en nuestras propias secreciones, Nunca nadie supo de lo nuestro y en ese Edén del pecado fui más feliz que nunca hasta que un día Santiago se cansó de esperar y yo nunca llegué. La corriente me arrastró y me reventó contra las rocas haciendo que mi cuerpo quedara inerte a la intemperie, en las rocas primero, luego flotando y finalmente hundiéndose en el lecho rocoso marino. Santiago vino un día, dos, cinco y yo nunca llegué, ingresó por la fuerza a la vieja casona y encontró todo intacto, mi ropa, mis notas, mi libro inconcluso, nuestras fotos de la adolescencia y yo nunca llegué tampoco allí. En su desesperación se vio obligado a admitir públicamente lo nuestro, se arriesgó a ser tildado de mariquita, de pimpollo, de gay y de toda esa clase de adjetivos injuriosos que la gente le dedica a hombres como yo, esa obligación le hizo perder todo lo que poseía: sus amigos, su mujer, su hijo, su trabajo, todo, pues un marica no tiene cabida en esa tosca y tradicional sociedad pesquera de Playa del Carmen. Primero estuvo Santiago solo con los dos oficiales de policía que el gobierno encargó para mi búsqueda y no lograron avanzar mucho, luego de 3 días, a dos semanas ya de mi desaparición, se le unieron 3 lanchas pesqueras de las que comandaban los mejores amigos de Santiago, aquellos con los que hacía muchos años también habíamos hecho amistad mis primos y yo, gentes que a pesar de la tosquedad o rigurosidad moral de la sociedad son ante todo humanos.

Finalmente me hallaron y mi familia decidió darme sepultura en Playa del Carmen y aunque en la comitiva de mi funeral sólo se contó a Santiago de entre los locales, más pronto que tarde su vida volvió a la normalidad. Su esposa demostró amarle aún más de lo que yo mismo hubiera podido y la amistad que Santiago había depositado en sus amigos durante tantos años rindió réditos cuando de a poco le fueron aceptando nuevamente.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Tombraider el Lun Abr 02, 2018 10:02 am

INVASIÓN


Ven. Eres tú al que espero. Mi cuerpo no quiere pensar en quién, sólo desea alguien que le haga sentir. Pero yo quiero que seas tú.
Es cierto que tus manos pasionales y sutiles le sacian y le placen y que haces que mis suspiros salgan disparados desde lo más profundo de mí. Cada pequeña parte de piel que me acaricias manda sinapsis de placer a mi cerebro.
Tus manos están calientes y le imprimes a tus huellas digitales la suficiente presión como para que me posean sin agredirme. Noto que se pasean por cada pequeño milímetro de mí, sin dejar huecos, cubriendome entera y que se retiran sólo para dejar lugar a tus labios, a tu boca, que también me repasa, con la complicidad de una húmeda lengua que me regala más estremecimientos de placer en cada rincón que humedece.

Mi carne pide gozo y tú se lo das, mi cuerpo pide placer y tú se lo regalas y a cambio tomas el placer que yo te proporciono a ti. Pero no me preguntes por qué, hoy me siento egoísta, quiero centrarme en lo que me haces sentir. Ser tu bocado, tu aperitivo, sentir que me paladeas, que me tragas, que me comes sin restricciones. Que me muerdas y me arranques el deseo, y los gemidos y las ganas de darme, de entregarme a ti, de ser una ofrenda que disfrutarás sin restricciones.

Sentir tu piel contra la mía, acariciándose la una a la otra, acoplándonos despacio, mientras mis piernas se enredan en tus caderas, te apresan, te aprieto contra mí y no te dejo escapar, deseo que entres profundamente en mí, que te empapes de mi deseo y que me riegues con el tuyo.

Sentir las oleadas de tu placer que se proyectan en mi interior, sentir que te derrites de placer dentro de mí. Entregarnos uno al otro sin límites, sin fronteras. Invádeme... poseeme, hazme tuya. Que mi cuerpo sea tu territorio...

Y cuando acabes, vuelve a empezar. Que ya luego te invadiré yo y te haré mío.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Nietzscheano el Miér Abr 04, 2018 12:16 am

Perdón mi atrevimiento. Esto es para subir este hilo en la lista de recientes y que así los que no han ingresado en estos días anteriores tengan la oportunidad de deleitarse lascivamente y votar y tal vez hasta se apunten para el próximo concurso si aún no han participado en alguno.
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por Dorogoi el Lun Abr 09, 2018 6:41 pm

Acà està Ciki..... Very Happy
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

Mensaje por CIKITRAKE el Lun Abr 09, 2018 6:49 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Acà està Ciki..... Very Happy

Gracias usuario Dorogoi, pero veo que hay que echarle tiempo para leerse todo eso. A ver si esta noche puedo leer algún tocho y luego votaré. Twisted Evil
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Re: IV Concurso de relatos: Erotismo

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