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Historias verdaderas... pero ridículas.

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Historias verdaderas... pero ridículas.

Mensaje por José Antonio el Jue Mar 01, 2018 10:27 pm



Ese diminutivo personaje fue el Rey Menelik II (1844-1913) de lo que hoy conocemos como Etiopia, y fue un personaje con demasiada excentricidad. Veamos algunas de sus locuras:

Menelik celebro una fiesta al aire libre en la que invito a todos los pordioseros tullidos y rencos del reino. El rey y sus amigos cercanos se dieron un gran festín, y una ves que hubieron cenado, entonces encerraron a todos los mendigos en un corral. Acto seguido soltaron a unas fieras tales como osos y leones, a los cuales les habian quitado sus garras y los dientes. El rey y sus invitados se entretuvieron viendo como los tullidos trataban de escapar.

En otra ocasión, cuando el rey se dio cuenta que habían inventado la silla eléctrica en USA para ejecutar criminales, entonces el decidió que era una magnifica idea y encargo tres sillas al gobierno de USA. Cuando llegaron las sillas a Etiopia, no se pudieron usar, pues no había electricidad todavía en ese país. Entonces el Rey decidió usar una de las sillas como trono.

Menelik decidió una ves mandar a construir un puente. Sus ingenieros construyeron una maqueta para que el Rey aprobara la construcción del puente. Menelik luego le propina un puñetazo para comprobar su solidez y la maqueta se rompe. La maqueta se hace añicos y el Rey concluye que ese puente no seria solido y lo descarta. Para la segunda maqueta que prepararon, los ingenieros la reforzaron con madera bien gruesa sin cambiar el diseño. El Rey de nuevo le propina un puñetazo a la maqueta, pero esta vez no se rompe. El puente se aprobó.
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Re: Historias verdaderas... pero ridículas.

Mensaje por José Antonio el Jue Mar 01, 2018 10:37 pm




El escritor español Quevedo, muy conocido por su picardia e ingenio, consiguió apostar una enorme suma de dinero ante sus amigos y conocidos, que el mismo seria capaz de decirle en su propia cara a la Reina, la esposa de Felipe IV, que era coja(lo cual era cierto). Los amigos incrédulos inmediatamente aceptaron la apuesta.

Habiendo reunido su dinero, se presento a corte en la primera oportunidad que tuvo, al ser invitado a una recepción en el castillo. Quevedo aprovecha la ocasión para cumplir con su apuesta.

Quevedo se presenta ante la Reina en el palacio, llevando consigo dos hermosas flores: Una rosa y un clavel, una en cada mano. Quevedo le entrega las flores a la Reina diciéndola:

“Entre el clavel y la rosa, Su Majestad es-coja”.
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Re: Historias verdaderas... pero ridículas.

Mensaje por José Antonio el Vie Mar 02, 2018 11:09 am

En las aceras de Pompella habían señales talladas en roca, que indicaban la dirección al prostíbulo mas cercano.

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