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UN FIN DEL MUNDO MUY PARTICULAR

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UN FIN DEL MUNDO MUY PARTICULAR

Mensaje por barakarlofi el Dom Ago 13, 2017 5:28 pm

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                         UN FIN DEL MUNDO MUY PARTICULAR

El fin del mundo había llegado. Primero fue la radio quien dio la terrible noticia, después fue la televisión la que la repitió durante dias y semanas en los  diferentes telediarios  de horas punta.

La terrible novedad por lo grave que era no causaba demasiada expectación, pues no en vano esta era esperada desde hacia muchos siglos atrás. De todas formas se extendió rápidamente. Primero, muy de mañana se comentaba en los mercados, frente a los puestos de verduras y pescado congelado. Pero vanamente, como si tal cosa, después de regañar al niño porque no se había comido el bocadillo o en la charla por los precios de la fruta. Más tarde las mujeres  lo comentaban con los maridos mientras comían al mediodía, y estos a su vez lo repetían luego en el bar de la esquina, frente al acostumbrado “carajillo” lo discutían con los vecinos, pero sin mucho afán, como si se hablara del tiempo o del partido de fútbol del próximo  domingo.

Esta singular e inquietante noticia, muy al contrario de importantes acontecimientos mundiales en los que siempre se aumentaban y se exageraban  cuando corrían de boca en boca. Esta sin embargo perdía interés y se degradaba  como noticia por días,  y hasta limites insospechados. Y lo  que en un principio fue la catástrofe de la primera ciudad destruida pata los científicos decían aquello era el principio del fin, quedaba reducido por el arte del desinterés del  las gentes, en unas pocas casas destruidas sin motivo aparente en una lejana, pobre y desconocida aldea.

Y es que aquello era de esperar. Tantos siglos hablando de lo mismo, esperando siempre lo mismo, que ahora, cuando de verdad, realmente ocurría, los ciudadanos “pasaban” del tema, y cada uno a su manera se hacia sus particulares conclusiones. El pensionista por ejemplo se decía, que para el tiempo que le quedaba de vida y de malvivir con la miseria de la pensión que le daban, pues que le daba lo mismo. El parado sin subsidio de desempleo se decía que si por el fuera, colaboraría, ayudaría en mandar a paseo a todos, incluso el mundo y a quienes lo gobernaban. El ama de casa sin embargo, agradecía la temprana noticia porque así le daba tiempo para estar a la altura de las circunstancias. Aprovecharían para arreglarse el pelo y tratar de disimular aquellas “patas de gallo” que la tenían amargada. Los niños sin embargo, saltaban de contentos, con todo aquel lío vieron la forma de librarse del colegio, y de lo mejor que podían pasarles, de los exámenes que ya habían empezado.

Pero como siempre pasa, aparecieron los “aguafiestas” los eternos descontentos, los que siempre andan protestando. Los banqueros por ejemplo, clamaron al cielo, y escandalizados, mandaron una carta muy larga al gobierno de cada país pidiéndoles urgentes explicaciones, alegando que no había formalidad, de que como ellos iban ahora a  tener el tiempo suficiente para cobrar y recuperar  los intereses del capital prestado. Los políticos, los de la oposición de cada país, también enviaron sus protestas por escrito, alegando en ellas, que con un futuro tan negro como el que se les venia encima. Como iban ellos a cumplir las promesas hechas al pueblo, y de que forma iban a disfrutar de las prebendas y los beneficios del poder, además, decían muy indignados de que el gobierno, los gobiernos actuales, tenían la culpa de lo que pasaba, y de que el mundo llegara a su fin sin que nadie en el poder hiciera nada para coordinarlo y hacerlo mas llevadero.

El tiempo mientras fue pasando, y el mundo se derrumbaba por ciudades primero y por países enteros después. Pero daba tiempo para prepararse  y para hacer las cosas con tranquilidad. Las poblaciones comprendiendo que no valía la pena correr, se tomaron el tema con filosofías,  y hasta hubo quien se enriqueció haciendo seguros de vida,  de accidentes, y planes de pensiones. También muchos avispados trucaban las fotos de las ciudades desbastadas, y fabricaron souvenirs, banderines, y camisetas, en las que en letras muy grandes podía leerse, “Yo estuve en tal ciudad antes del fin” “Si el fin del mundo esta cerca, mas cerca estoy yo de ti”. Y por todas partes se vendían llaveros  y medallas con trozos de cascotes que se suponían, eran restos de las ciudades asoladas por el desastre final.

Las pompas fúnebres también se pusieron al día,  y ofrecieron extraordinarias rebajas. Regalaban un ataúd del mismo tamaño y calidad, por cada muerto. Se creo el ataúd familiar, y un descuento especial para el animal de compañía, que disfrutaba del mismo servicio que sus dueños. Las gentes cambiaron en pocos días de mentalidad, y en cuanto a la religión, se acordaron de que alguna vez, desde hacia siglos, en cada barrio había existido una iglesia. Entonces se dedicaron a visitarlas en masa, y los curas desbordado por aquel frenesí de culto religioso, prepararon las antiguas y casi en ruinas de sus iglesias para la ocasión. En las entradas, instalaron unas maquinas de bonos misa. Bonos que daban entrada a misa  durante toda la semana por el precio de un solO bono. También montaron un Self Service y hasta una maquina de fotos en color.

Los curas y hasta los obispos estaban tan contentos, que se lamentaban entre ellos de que el fin del mundo estuviera tan cerca, y en una carta muy bien redactada, escribieron al Papa. En ella se  le rogaba a su santidad, de que hiciera instancias en el cielo para que se retrasara lo mas posible el desastre final. El Papa no les contestó, pues bastante tenia el hombre santo con las manifestaciones que a diario se le arremolinaban en las puertas de Vaticano para gritarle con altavoces, acompañado de grandes pancartas en donde podía leerse “Fin del mundo sin  discriminaciones, queremos igualdad. “

Y es que aquel  fin del mundo ocurría y aparecía en donde  le daba la gana, y la gente empezaba a cabrearse y con razón. Pasaba que un país lo tenía todo preparado y esperando lo peor, y venia el fin del mundo, y pasaba de largo, y otro que vivía feliz con sus vecinos en las fiestas y catacroc final del mundo que te crió. Aquel fin del mundo aparecía y desaparecía cuando se le antojaba, sin que nadie pudiera adivinar por donde se presentaba de nuevo. Y ocurría a veces que si en un pueblo estaban preparando con ilusión las fiestas mayores, con mucho esmero y dedicación, y cuando más confiados estaban, llegaba, el fin del mundo de repente  y zas, desastre que te crió. Luego venían los problemas. Había que buscarse un nuevo alcalde, sacar a los muertos de entre, y debajo de los escombros, limpiar las calles de cascotes, construir un nuevo ayuntamiento, buscar nuevos concejales de fiestas, etc.,

El mundo como era de esperar, se quedaba cada vez más pequeño. Los precios
de los pisos que habían quedado en pié se pusieron por las nubes, y había tanta gente en tan poco espacio, que tuvieron que instalar cabinas de muerte voluntaria y gratuitas en las que tras introducir al voluntario a morirse, un funcionario desde fuera de la cabina y por un micrófono le hablaba y repetía de los poco interesante de la vida, del Cáncer, del SIDA, de Hacienda, de los mucho que subía la cesta de la compra. Al poco tiempo de este discurso, el voluntario a morirse, totalmente angustiado y deprimido, pedía la muerte a gritos. Entonces el funcionario aprovechaba para hacerle tragar un plato de canelones pre cocinados, sacados del congelador tres meses antes, y al poco el suicida voluntario moría entre terribles dolores de barriga y profiriendo juramentos para la familia de funcionario en cuestión +

Ya solo quedaban unas pocas ciudades salvadas milagrosamente del holocausto final. Por eso se creó la Lotería Universal, cuyo premio consistía en socorrer totalmente gratis a la próxima ciudad arrasada y quedarse con todas sus riquezas.  Aunque este original sorteo nunca llegó nunca a celebrarse. Porque un día por la tarde, el mundo de pronto hizo ¡¡¡¡¡Puffffff!!!!!! Como si alguien, un monstruo muy monstruoso, se dejara escapar una grandiosa, descomunal, colosal y terrorífica ventosidad, desintegrando en un santiamén lo que quedaba del mundo y sus alrededores.
Y aún hoy, las otras civilizaciones de las lejanas galaxias del espacio remoto, sufren la grave contaminación de sus planetas.

Rocinante




Fin


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