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LA SEÑORA PACA

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LA SEÑORA PACA

Mensaje por barakarlofi el Dom Jul 30, 2017 12:41 pm

Capitulo de mi relato “ Los verdaderos cristianos”

“ Este es un humilde homenaje a las personas que trabajan y se sacrifican por los demás”                                            

                                      LA SEÑORA PACA

La “Tía Paca” como la llaman en la parroquia y en el barrio donde vive, no tiene ningún diente en la boca, y cuando habla y se ríe enseña sus desnudas y sonrosadas encías.
La “Tía Paca” no se llama así, ni se sabe quien le bautizó con ese nombre. Por eso, cuando alguien la llama, ella responde muy orgullosa, que se llama. Maria de la Nieves Ayala Fuente fría y de Hinojosa, para servir a Dios y a Ud. y añade.-¡y mi hijo es abogado¡. -

Esto último, lo deja caer para que nadie dude de su buena familia. La “Tía Paca” siempre viste de negro y su pelo completamente blanco, es como un adorno que destaca, en su oscura figura. Se dedica a la parroquia, a organizar la comida que se da cada mes a las familias más humildes. Al ropero y en atender a los pobres que se acercan por allí a pedirle de todo. Ella que empezó a ir por allí a rezar por su difunto marido, acabó, con el tiempo, en formar parte del paisaje de la iglesia. Una iglesia que es  muy antigua y que se cae a trozos de lo ruinosa que está, pero que ella en unión de otras tantas mujeres, casi todas de su misma edad, mantiene limpia, pintada, los bancos bien barnizados y las velas siempre encendidas. El cura que también es muy anciano, las mira contento de verlas ocuparse de todo. Todas se hacen llamar las  Hijas de Maria y cada tarde, sea el tiempo que sea, rezan el rosario frente a una antigua imagen, una talla policromada de San Martín de Porres, que ponen encima de una enorme mesa, que ocupa toda la habitación y que les sirve para todo.

La “Tía Paca” atiende a los pobres, que a veces no lo son tanto. Pero a los que de  verdad se ven necesitados, son a los inmigrantes. Los hay de todas las razas y lugares y Paca con ese desparpajo andaluz que le queda de su otra tierra, los despacha pronto, los Árabes son los primeros en la cola, y los que más piden, y que siempre le dicen, que lo que les da, es poco, que tienen tres mujeres y un montón de niños y la “Tía Paca” con el desparpajo que la distingue de las  demás les dice.

.-¡Anda hombre, pues no los afilie a Seguridad Social, que como todos hagan lo que tu, me quedo sin la pensión de viudez, -. ¡

Los Hispanoamericanos, son mas callados, más retraídos, se diría que les da vergüenza pedir y como esta mujer parece conocer a todo el mundo, con una confianza y amistad, como si los conociera de toda la vida, les saca las palabras de la boca y se entera, por ellos, que a algunos le cortaran la luz o lo echaran de la casa que tienen alquilada por no pagar, entonces, ella es quien avisa a la Asistente Social para que haga gestione en la Cruz Roja y se les pague el alquiler o lo que tengan pendiente de pago.

Con los asiáticos se hace un lío y nunca sabe con quien esta hablando, todos le parecen el mismo y  si no fuera porque a estos les acompaña la mujer o los hijos  no los diferenciaría. Le podría dar la comida y la ropa, dos veces al mismo y no se daría ni cuenta, además todos se llaman igual y al final se ha cansado en reconocerlos y se fía de lo que le dicen.

Con los “morenos” son diferentes estos son callados y siempre sonríen, se diría que están acostumbrados a esas penalidades de la falta de los más indispensable. Con cualquier cosa se contentan y lo agradecen de veras  “La Tía Paca” al principio, cuando empezaron a venir por la parroquia, les llamaba “negros” a secas, sin mala fe. Con la sencillez que dá el tratar a diario con gentes sencillas. Pero el cura, el padre Luis, el padre “Bombilla” como le llaman por su reluciente y redonda cabeza sin pelos,  le dijo que no los llamara así, que sonaba mal, que parecía despectivo, La “Tía Paca” se sorprendió.

.-¡ Es que acaso no son negros,.....pues vaya.¡.-

Esta singular mujer, le tiene mucha devoción a un cristo que hay a la entrada de la iglesia, una talla antiquísima de siglos pasados, y cada tarde cuando acaba en el ropero, se acerca hasta él y subida en una silla, lo limpia con mucho cuidado, con un trapo mojado que huele a  aceite y petróleo, mientras, le va rezando y le pide por su hijo, para que se le haga corta la condena que tiene en una cárcel lejana. Por su marido para que Dios no le tenga en cuenta las palizas que le daba. Le pide por el achacoso cura, que cualquier día se lo  tendrán  que llevar a una residencia de ancianos por lo torpe que está. Le pide por lo pobres, por los enfermos, hasta que llega a los pies del Cristo, en donde los besa, se baja  y se despide del hasta el día siguiente.

Cuando sale de la Iglesia, suele ser tarde avanzada. Siempre lleva arrastrando un carrito de la compra, en donde ha metido algo de comida, eso le ayuda a pasar el largo mes de una escasa pensión, mientras va cruzando el barrio   la gente la saluda y siempre hay alguna vecina que le habla de la próxima comunión de su hija o la boda de algún familiar, se lo dicen con la idea de que ella, con seguridad, ese día, preparará, el altar y lo tendrá todo a punto ese día.

Cuándo llega a su casa no siente la soledad que le acompaña desde hace años, su cabeza siempre está ocupada en la Parroquia y en el fondo desea que el nuevo día llegue pronto, para empezar otra vez.


20 de Marzo de 20XX

rocinante
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barakarlofi
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