El foro Plural
Si quieres disfrutar de todos mis tutoriales, Regístrate.

MI VECINO EL LOCO Nº 6

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

MI VECINO EL LOCO Nº 6

Mensaje por barakarlofi el Vie Jul 28, 2017 6:47 pm

MI VECINO EL LOCO Nº 6

                                            FAUNA CALLEJERA

Se fue el tío Federico. Se marchó a realizar ese viaje sin retorno. Ese del que nos dan la tarjeta de embarque cuando nacemos, y que tiene fecha de caducidad.

Su sitio, su especie de chabola de debajo de la autopista, hacía semanas que estaba solitaria y como "deshabitada". El claro entre la jungla de coches eternamente aparcados, que era su "dormitorio" los fueron invadiendo, cada día un poco más, estos artilugios desfasados y contaminantes. Poco a poco, se internaron cada vez más y se apoderaron del oasis de vida, de mi amigo Federico.

Un día desapareció la enorme caja de cartón y el colchón mugriento y chamuscado que un día le quisieron quemar, en donde dormía, y otro, el cajón en donde guardaba unas pocas ropas, mendrugos de pan, botellas vacías y algún que otro yogur caducado.

Hacia tiempo que no se le veía por el lugar. No estaba, como era su costumbre, sentado en su caja de plástico pensando en su difunta Lolilla. En sus tiempos de trabajo en la obra,  y en los compañeros, que una vez cansados de que cada día se les bebiera el vino del bocadillo, le metieron guindillas de maceta, en una botella que escondieron, y que cuando el Federico la encontró, y se la bebió casi de un solo trago, se puso rojo rojo y sintió tal fuego en sus tripas, que con una manguera de agua en la boca bebía desesperadamente, sin poder dejarla para ir a vengarse de los se le reían a lo lejos. Dejaba la manguera y salía corriendo, pero se tenía que volver rápidamente al alivio del agua. Tan delgaducho, y tan rojo corriendo parecía un semáforo con patas.

Recuerda Federico en esas largas noches de luna de cemento y vecinos rodantes, el día que se coló en una boda y gritando viva los novios se hartó de comer y beber, hasta que cuando empezó con sus cantes y tonterías, las familias de los novios se dieron cuenta de que no era familiar de nadie y lo echaron a la calle en donde quedó tirado, y sin poder levantarse por la borrachera. Allí se quedó, y después, cuando acabó la fiesta, los niños, con esa inocente crueldad infantil, se vengaron pegándole pataditas en las piernas.

De cuando prendió fuego en el water del bar a unos papeles, y gritó fuego, para luego beberse los que al salir corriendo habían dejado en la barra los clientes. Pensaba Federico, ya veces miraba sin querer verse ni a si mismo ni a la soledad que le rodeaba.

Pero como tantas veces ocurría, su desaparición hizo pensar que se lo habría llevado la Guardia urbana para alojarlo en alguna residencia. Para luego, como otras tantas veces, no tardaba mucho en aparecer a los pocos días, `porque parece ser que se escapaba. Volvía. Eso sí, un poco más limpio, con otras ropas, y algo más gordo.

-i Esta vez, ya no volverá máx.-

Me dijo mi vecino " El Loco " con la cara seria, un día que parecía más tranquilo y cuerdo que de costumbre. Y "El Loco " al que solo le queda el afecto de los marginados, de los inadaptados como el, que son los únicos que les escuchan y no se le ríen cuando les cuenta sus fantásticos historias, parece que está afectado.

Es él, el que me cuenta, apesadumbrado y con los ojos en el suelo, los últimos días de Federico. Ignoro si se lo inventa, si se le imagina, o que acaso sea verdad; o como si él quisiera que hubiera sucedido así. El caso es que me dice. Que una noche, después de cantes y palmas en solitario, y de largos tragos a una inseparable botella. El Federico empezó a gritar en la oscuridad de su refugio. La ulcera que otra vez le daba la lata, pensaron los clientes del bar de enfrente, "El Muralla " "El Nicejo " "El Nervio " y "El Oreja " que son los fijos, los habituales, que aparecen por el bar cuando se suben las persianas, por la mañana, y que hay que barrerlos al cierre para que se vayan, que son como el paisaje del bar, que son permanentes como las mesas y las sillas que son, vaso en mano, como estatuas de sal barrigudas y pelonas, que son los que llamaron a la ambulancia. Pero en el hospital los médicos, .fueron tajantes, dijeron.

. -Cáncer y a la edad que tiene, para que operar, le quede poca vida i. –

Y luego más tarde, cuando estaba repuesto, las preguntas de rigor.

.- Donde vive... –

.- En ningún sitio, no tengo casa. .

Todavía le quedaban al Federico ganas de gastar bromas, cuando sin venir a cuento y de sopetón le dice a la enfermera.

.-Mire fíjese, cuando yo era pequeño, éramos tan pobres, tan pobres, que no tentamos de nada, no teníamos ni hambre. –

.-Además sabe Ud. comíamos a la carta, je je je, poníamos una baraja en la mesa y el que sacaba el as de Oros, ese comta jajajajaja.-

La enfermera lo mira y no dice nada. ‘Tuerce la boca, hace un rictus con los labios que quiere ser una sonrisa, solo para cumplir, para llenar el expediente, Pensando. “Este viejo está alcoholizado, y se le ha ido la "Chaveta"

.- Tiene familia. –

Soy viudo, pero tengo cinco hijos al cuales mas honrado y trabajador.-

.- Donde viven.-

.- Y yo que sé, por los barrios de aquí cerca, creo.-

El Federico se anima está salvado, como no encontraran a nadie de su familia lo dejaran salir, y podrá volver a su rincón. Piensa con alegría en su jaula de vidrio de botella. Pero no sabe que los ordenadores son unos chivatos, que lo saben “todo" que conocen todos nuestro datos, y hasta como vivimos.

Cuando a los pocos días le dijeron que se vistiera, que le daban el alta, y que se lo llevaban, se alegró. Al fin pensó, me dejan salir. Antes lo había intentado un par e veces, pero al escaparse por la puerta principal del hospital, el celador, un tío grandote con cara de árabe, lo detenía, lo cogía por el brazo, y se lo levaba de regreso para la habitación.

Era de noche y un barrio del extrarradio. La ambulancia paró, y comenzó una historia siempre repetida, vieja como el hombre, desagradable, triste, odiada. Hacia frio, y caían una finas gotas como de nieve. Desde el portal cercano, le llegaba la voz de su hija de la mayor con la que había vivido, cuando trabajaba y le daba la mensualidad, la que más quería. Esta se exclamaba, renegaba, protestaba, decía, que no, que ni hablar, que eran muchos hermanos, que no iba ella a cargar ahora con el bulto, que si tal, que si cual. Federico en la camilla tapado con la manta, ni escuchaba, no le importaba ni él frio, ni lo que pasaba, fuera, echaba de menos su rincón, su fogata, su vinillo, sus colillas.

Vinieron los demás hijos, más hermanos, discutieron se sacaron los trapos sucios, gritaban, discutían, los enfermeros, parcelan acostumbrados a estos líos, se subieron a escuchar el fútbol que estaba dando por la radio. Gol, Gol, Gol.

Federico no se movía, sus ojos estaban fijos, no respiraba, el corazón se le fue quedando tan pequeño, tan pequeño que acabó por detenerse.

Rocinante.

10/10/20xx
avatar
barakarlofi
Veterano Plus
Veterano Plus

Mensajes : 1286
Fecha de inscripción : 15/05/2017

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.